Caracol gigante Africano
Es importante comentar antes de iniciar con este
análisis que todos organismos vivos tiene la capacidad de moverse, lo que hace
posible que dichos cuerpos puedan colonizar nuevos ambientes y extender su
rango de distribución, eventualmente dando paso a la creación de nuevas
especies o en caso contrario a la extinción de algunas , es por ello que cada
nueva especie exótica que llega a un lugar significa un potencial
reordenamiento de la estructura de la biodiversidad en especies que a menudo
tiene resultados inesperados. Si bien es cierto que muchas de las especies
exóticas que existen actualmente en nuestro país han sido implantadas intencionalmente,
una gran parte proviene de aquellos individuos escapados de cautiverio y otro
porcentaje muy importante viaja encubiertamente a través del mundo en bodegas
de barcos, aviones y decenas de otros medios de transporte, y las semillas de
cientos de especies de plantas se mueven diariamente en los zapatos, ropa o
estómagos de viajeros intercontinentales. Prácticamente todo país que sea
abastecida por barcos de calado mediano o grande cuenta entre su fauna a las
infaltables ratas y ratones. De hecho existe toda una comunidad de animales y
plantas que siguen a los humanos a donde quiera que éstos vayan. Muchas
naciones ejercen cierto control sobre este tipo de migraciones cuando los
organismos en cuestión son considerados plagas para algún tipo de cultivo local.
Los mecanismos mediante los cuales las especies exóticas afectan a las
comunidades naturales son diversos. Éstos dependen en gran medida de la
historia de vida de la especie y de cómo ésta se relaciona con nichos
existentes en una comunidad en específico. Potencialmente, la especie podría
ocupar un nicho vacío, es decir cumplir una función en la comunidad totalmente
distinta a la de las especies originales. Esta sería una de las formas más
fáciles para una especie de entrar en una comunidad, ya que, en teoría, no
debería encontrar muchas resistencias de potenciales competidores. A la vez,
sería la menos traumática para la comunidad ya que, al menos directamente, muy
pocas especies se verían afectadas.
El caracol gigante de África es una especie que
no es nativa de Venezuela y según investigaciones realizadas a su origen los
mismos fueron introducidos de manera ilegal a nuestro país, en aras de ser
utilizados para un proyecto comercial que no resulto.
Estos animales, cuyo nombre científico es Achatina fulica, se han convertido en una plaga que ataca
cultivos y otras especies como los caracoles criollos a los que se comen. Ya
que los mismos se alimentan de hojas, frutos y tallos de cultivos como cacao,
café, caraota, yuca, lechuga, repollo, maní, lechosa, pimentón, naranja, maíz,
cambur, pepino, tomate y zanahoria, entre otros. De igual forma, puede
ocasionar daños en plantas ornamentales y pastizales. Además, consume alimento
concentrado para animales domésticos y causa daños en fincas agrícolas urbanas.
También representan una amenaza contra los humanos a los que pueden transmitir
enfermedades tanto de forma directa, si entran en contacto con ellos, o
indirecta, consumiendo las cosechas infectadas con los parásitos que portan
estos moluscos. No es una plaga nueva, pero han recrudecido. Además, supone un
riesgo potencial para la salud humana pues pueden transmitir diversos parásitos
que provocan enfermedades abdominales y otros que producen meningitis
eosinofílica.
A veces las especies introducidas pueden ser
reservorio de parásitos y patógenos y transmitirlos directa o indirectamente a
las poblaciones nativas. Otras veces la especie invasora es el propio agente
patógeno o parásito. De igual forma se debe tener en cuenta el coste de
combatir las invasiones. Esto incluye todas las medidas necesarias de
cuarentena, detección temprana, control y erradicación. Es por esto que es
importante tomar en cuanta las siguientes recomendaciones:
- Para controlar la proliferación de esta
especie, se recomienda la recolección manual, usando guantes de goma o
envolviéndose las manos en bolsas.
- Sumergirlos por un lapso de tres a cuatro
horas en un envase plástico que contenga una mezcla de dos partes de agua y una
de cloro, para romper los tejidos y matar los parásitos.
- Posteriormente, deben enterrarse en una
fosa de 40 o 50
centímetros de profundidad, o quemarlos teniendo en
cuenta que al finalizar se deben triturar las conchas para evitar que acumulen
agua y se conviertan en foco de dengue.
-
No deben arrojarse a la basura vivos o muertos.
AUTOR: José Aguana
C.I.: 19.009.088